jueves, 8 de septiembre de 2016

La llave

Puerta en Miranda del Castañar, en la salmantina Sierra de Francia.
Dicen que el hombre volvió después de muchos años.
Algunas calles aún le reconocían; por los rasgos, se entiende.
Hubo un chopo que dijo que ese, que ese, el que iba paseando sombra por todo equipaje,era el que le rasgó con una navaja un corazón con una flecha y nombre que le costó 30 años cicatrizar.Pero el viejo castaño, y el enorme roble del oeste, y hasta el pinar entero le vino a decir que eran cosas de la juventud de los humanos. Y que si ellos supieran las grafías que había tenido que curarse..., comentó el más noble nogal que se tenía un constipado de aúpa.
El viento cierzo, que dormía aún en la gruta del río, se despertó por el chivatazo de una lechuza.
Y el que vino,ese hombre que regresó, avanzaba sobre el sonido de sus pasos en el empedrado hasta la que fue la casa de los suyos.
La lechuza le ponía sus ojos de semáforo,un perro le ladró cuatro veces, la bombilla de una farola parapadeaba, y el viento del norte, aún en camisón, le increpaba en los callejones estrechos.
El viajero llegó hasta la puerta de la morada de sus ancestros, la que había sido la casa de su niñez.Y traía tres llaves en su zamarra: la de la muerte, la de la vida y la de la querencia.
Cuentan que estas tres abrieron bien los resortes de sus cerraduras. Pero se dio cuenta de que que había en la puerta una cuarta que impedía la entrada.
Aún se habla en el pueblo sobre el misterio de esa puerta, la que el hombre no consiguió abrir a pesar de intentarlo durante días.
Luego, como vino, el viajero se fue.
Y llevaba en sus bolsillos tres llaves: la de la vida,la del querer, la de la muerte. Y el largo  pesar de una cerradura: la del olvido.
Pero también cuentan que ese hombre, a muchos kilómetros de aquí y algunos años después, encontró junto al mar la manera de abrilala y traspasar aquella puerta lejana. Fue con la emoción; con la que de repente se sintió anegado en la tarde lluviosa.
Y en ese instante supo que la cuarta llave de la casa de los suyos siempre había estado, y estaría, en su interior.


Publicado en el perioico digital

Salamanca Rtv al Día, 

28 de septiembre de 2016.

Ángel de Arriba Sánchez
El Escribidor del Tormes


2 comentarios:

Adriana Tuffo dijo...

Muy poético. Ah la memoria y el olvido. No hay llaves para la nostalgia.Saludos.

ÁNGEL DE ARRIBA SÁNCHEZ dijo...

Gracias Adriana, celebro que te guste, y tus palabras me estimulan para seguir buescando esa llave que, como bien dices, no existe para abrir la nostalgia. Y sin embargo, no dejamos de buscarla para poder entrar en su umbral, aunque sea...Un abrazo.