domingo, 25 de enero de 2015

Un país en las nubes




A veces pienso que nos han cambiado el país.

Hay días, al revisar los noticiarios, en que creo que nuestra querida España se llama ahora “Nubalia”, nombre éste que me vino de pronto para nombrar éste estar cada uno en su nube,  que se ha puesto de moda. Pero la barra del señor Google, el tipo de grandes gafas que se lo sabe todo, me ha dicho que existe una empresa con tal nombre que se dedica a no sé qué, y un montón de miles de referencias más. Era de esperar en estos tiempos tan aéreos, pero dejo el nombre, que este domingo no tengo ganas de podar los prontos de mi imaginación.

Dicho esto, sigo contando que hace unos días, en mi página de Facebook, puse una foto de Tania Sánchez Melero, mujer en alzas políticas por la parte izquierda, en el momento de declarar su ignorancia, cuando era concejala de Festejos, Cultura y demás… en el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid. A la imagen la acompañé del texto siguiente:

El "Efecto infanta" está haciendo estragos por los bancos de interrogación...Así llamo a este "No sé, yo no me enteraba de nada, tenía que haber puesto más cuidado...". Pero Tania, ¿cómo no ibas a saber si tu hermano estaba de cherifonte el la cooperativa de marras...?
Ya te digo, la otra: la infanta de naranja, y esta rubiatez de los madriles: la infanta de limón.
Qué bien me caías, Tania, por tu indudable valer político y por tus logros sociales...

La nota ha sido seguida, y ha tenido variopintos comentarios. La mayoría manifiestan, como yo mismo, que bueno, que alguien que participa de la adjudicación de 29 contratos entre los años 2002 y 2008 por un importe de 1,3 millones de pesetas, tal vez no deba saber mucho de los intestinos de la empresa beneficiaria, pero que si la empresa, en la que tú misma recibiste cursos juveniles, que además tiene el domicilio social en la casa de tus padres, y que el administrador único es tu hermano:  ¡Pues hombre, mujer…!

Hay otras opiniones que la condenan a priori: ¡Hala, por vía visceral! Otros cibernautas acuden en su defensa y sacan la socorrida pancarta de la conspiración, del acoso y derribo  contra la pobre candidata por Izquierda Unida a presidir la Comunidad de Madrid

Algunas mujeres, en referencia  cruzada a doña Cristina de Borbón que en sus declaraciones se anduvo también por esas nubes, deja su lamento porque estos hechos puedan ir en detrimento de los logros de las mujeres, y que regresemos a los medievales tiempos en que cuando  excelsas mujeres como Teresa de Ahumada (Santa Teresa de Jesús), decían sus glorias, los varones replicaban que era cosa de “Ciencia infusa”, pues aquellos alcances  de la inteligencia, no era cosa de féminas.

Una de estas respuestas, de un compañero virtual, me decía que yo prejuzgaba con mi opinión, y que se me veía el plumero... Todo de buen tono, entiéndase, y manifestaba  un sano ejercicio de controversia de mis palabras. Y esto me gusta, pues creo que es lo mejor que puede haber: que alguien te convoque a revisar tus ideas, y que con las suyas te teste, te haga un vareo de convicciones para ver qué frutos aguantan en sus ramas.

Yo agradecí su respuesta, claro, medité sus razones, y me pregunté si acaso no tendría razón y me había excedido en el ejercicio de mi libertad de expresión de un tema que, después de todo, me llega como tantos de oídas mediáticas.

Ocurre que procuro leer todos los periódicos para ver cómo nos va la feria patria. Reviso la misma noticia en unos y en otros, e incluso, confieso, como tantos, miro a la lozana de turno de la contraportada del diario deportivo “As” mientras espero que el camarero me de las vueltas. En lo del plumero, pues lo tendré, como todos, pero me gusta pensar que es el mío propio, el conseguido por el sopeso de ideas contrapuestas y pasadas por el tamiz de mi propia reflexión. Y para ello procuro quedarme en soledad por el patio de los decideros, y en bendita libertad de aprensión, para así observar con distancia. Aunque, claro, esto bien puede ser un auto engaño…

Pero  cuando subí lo referido a la red social, yo no conocía, (lo juro), el artículo que el pasado martes 20 de enero publicaba el diario ABC (Adjunto imagen), ni la reproducción del tuit  del 1 de abril del 2012 en el que Tania Sánchez escribía : “Cómo puede la Infanta no saber nada de los negocios de su marido. O de cuánto nos cuesta la monarquía”. Y en él incluía un enlace a un artículo (creo que hoy censurado) de Lucía Etxevarría titulado " La infanta es tonta y analfabeta"... (Adjunto imagen.)

Tuit  de Tania Sánchez, publicado por el diario ABC el 20 de enero de 2014.

En el artículo citado (de los autores L.L. Caro / J. F-Miranda), se comentaba que Tania había alabado la dimisión de Willy Meyer, eurodiputado de su mismo partido, cuando trascendió que se beneficiaba de unos fondos de pensiones, y que en consecuencia, ella debería, como ya le piden desde la dirección de su partido, hacer lo mismo…

Todos erramos, que de humanos es, y yo mismo yerro más de lo que me gusta reconocer. Pero creo, apartando la falsa modestia, que cuando gracias  a los demás, o a mí mismo, caigo en la cuenta de mi error, sé disculparme, pagar las consecuencias, y ponerme a los ejercicios de  enmienda, cosa tan extraña en la política nacional de estos tiempos.

Y esto es saludable en lo personal, cuanto más en las gentes de las responsabilidades del poder.

Pero, y esto es lo que quiero poner de relieve con esta viñeta, en este país parece que la amnesia, (Cristina de Borbón, Tania Sánchez, otros más), o el estar en las nubes (como parece que se andan un poco los amigos enfrentados del PSOE y con los ¡ERE que ERE, osú...!),  o echar los balones fuera del " anda que tú...", o los de esas ingenierías de atril (tan poco creíbles) que tan bien se le dan a doña Mª Dolores de Cospedal ( La caja “B” que encontró el juez era de Bárcenas), y a los de su partido con tantas tramas entramadas, como la de la señora Ana Mato de afortunados encuentros; o a esas presuras, olvidos y desdichos que se traen los  chicos que van pudiendo

Sí, ya te digo: esto parce una infección viral, ahora que pasamos la del ébola.

Estas no son más que unas letrillas de escribidor, de opinador chiquito, de dibujador voluntarioso, pero con las que quiero rendir homenaje a los que ejercen noblemente el oficio del periodismo, cuyo patrón, san Francisco de Sales se celebró ayer día 24 de enero.

Yo que he arribado con mis crónicas (sin ser arribista) a este ejercicio del contar, espero hacerlo de manera acertada, o al menos amena, pues tu tiempo, amigo lector, me merecen todo el respeto.

Que san Francisco nos conserve los ojos para ver, el lápiz para escribir,y la goma para borrar. 

Y la memoria para no olvidar nuestros errores.

Ángel de Arriba Sánchez.
El Escribidor del Tormes


Articulo en ABC, 20 de enero de 2014.








viernes, 9 de enero de 2015

Carta devuelta de Reyes

Un relato para los días sin magia.

Mediodía en la plaza Mayor de Salamanca, España. 5 de enero de 2015.

Hoy el cartero me ha traído devuelta mi carta a los Reyes Magos.

No les pedía mucho, todo hay que decirlo, pues ni la cosa ni uno está para epifanías consumistas. Además, ya no recuerdo cuándo se me cayó esta ilusión en los bosques encantados de la niñez. Y ahora que ha salido el tema, me pregunto si los árboles recuerdan acaso cada hoja perdida por sus otoños.

Pero allá las arboledas con sus hojarascas, que yo, aunque también sepa que no dejan de ser secas cosas, recuerdo con nostalgia la Noche de Reyes. Sobre todo del periodo entre mis cuatro y nueve años, tiempo en que estaba interno en un colegio de monjas.

Digo “Colegio de monjas”, para no tener que decir que aquello era un orfanato, y que, en consecuencia, yo era un hospiciano, un incluso, uno de tantos de los recogidos junto a la cárcel de nuestra ciudad. Así nos llamaban por costumbre, a pesar de que las monjas, con ese agua almidonada que tienen para las cosas ásperas de la vida, habían bautizado aquel extenso laberinto de patios, pabellones y campos de fútbol, con el nombre de “Residencia Provincial de Niños de San José”.

Efectivamente la tapia de nuestra “Resi“, como aún la seguimos llamando, bisbiseaba con la de la cárcel. Muchas fueron las veces que al principio las voces de los centinelas de sus garitas me despertaron: “¡Las dos…, y sereno…!”, y así cada hora hasta el alba. Ahora el penal es un moderno museo de un arte tan novedoso, que a mí, a veces, cuando veo los gritos que cuelgan en sus paredes, me sigue desvelando más que a sus instituciones patronales su cuenta de resultados.

Vista de "La Resi", antiguo orfanato de Salamanca. Circa 1957.
Fotografía de los archivos de la Diputación Provincial de Slamanca, España.

Lo último de La Resi, ya olisqueando lo penitenciario, era nuestro mejor campo de fútbol. Era éste grande, bien rectangulado, de porterías con larguero, y todo cubierto de las arenas sacadas del Tormes. En él competía nuestro equipo de mayores, y de los domingos que se jugaba en casa, claro que me acuerdo: ¡Resi, Resi..! También porque llegaba el del carromato de chuches, Pelayo, creo que se llamaba. Y el caso es que ahora, donde nosotros voceábamos al árbitro, a los contrarios o a sus seguidores, y donde Pelayo no cesaba de aguzar su grito de “¡ Pipas, caramelos, chicles…!”, ahora es un Centro de Artes Escénicas y Musicales, y por allí solo se afilan violines, pianos, flautas varias, y no vocean más que que la soprano o el tenor de turno. Tampoco nadie corre por esas arenas, ni salta, ni brinca , si no es un bailarín que venga de Rusia, o una lejanía así, que diría el maestro del relato Antonio Pereira.

Así que ya veis si me acuerdo de aquellas páginas, de esos juguetes rotos con los que nuestras memorias se entretienen.

Y hablando de juguetes, era la noche de Reyes Magos la que más nos desvelaba cada año. Las monjas nos decían que en las cartas pidiéramos tres cosas, por sí no podía ser una, que fuera la otra. Y llegaba la anochecida y con ella la cabalgata. Creo recordar que allí residiríamos unos 500, entre chicas y muchachos, y esa vez las sores nos llevaban a todos al gimnasio. Allí, subidos en una alta palestra, sus Majestades donosas iban por tandas proclamando el nombre de cada uno de nosotros. Y cuando oías el tuyo, como se oye una campana lejana, esperabas a volver a oír el replique de tu nombre. Y subías arriba tu tembleque, y bajabas iluminado con un paquetito en las mano.

El caso es que la noche era mágica, sí, pero aquellos tres de mi infancia no acertaban ni una. No voy a hablar de que la bicicleta que les pedía cada año nunca llegara, pero sí de que no solo a mí, sino a casi nadie, le sabían cumplir el encargo. Así que al día siguiente nos tocaba andar por los patios cambiandonos los regalos: "Te cambio la escopeta por el Exit Castillos" , "Si me das el balón te doy mis pistolas ..." , y así nos tirábamos toda la mañana de Reyes.

No hace mucho decubrí la causa de la dislexia juguetera de los Magos.

Acudí durante unas semanas a los archivos de la Diputación Provincial, que era la benefactora de aquel orfanato. Pedí los gruesos volúmenes de las actas donde se consignó durante sus 60 años de existencia los eventos del día a día de la Residencia. Allí supe de las entradas de los niños, y de las salidas cuando alguien los adoptaba; de la compra de los uniformes, de las provisiones de calzado, de los gramos que debían pesar las raciones de pan; de las fugas de los muchachos, y de las sanciones disciplinarias por maltrato a algún celador.

Cada tomo anual comienza con las cuentas de la cabalgata de la noche de Reyes: de las pesetas que costaron decorar las carrozas, del pago a los actores, el gasto de los caramelos arrojados, y una profusa lista de los juguetes que se habían entregado. En esta relación se da cuenta de todo lo que las monjas habían conseguido recaudar para sus muchachos, y alguien de paciente mecanografía lo pasó al papel: " 50 balones del parque de bomberos ", " 100 muñecas de los almacenes..." , "25 trajes de pistolero de don fulano de tal...", " 75 libros de cuentos de la librería ...", y sigue el listado.


Y otra vez se apagó la Navidad.

Ahora nos quedan los días sin magia,las largas horas sin música, y esperar que vayan llegando las estaciones con sus carrozas de hielo, flores, girasoles u hojas secas. 
Mediodía en la plaza Mayor de Salamanca, España. 5 de enero de 2015, detalle.

Pero este año, es año electoral.

Ya nos llegan las cartas risueñas de los políticos, porque saben que en estos años, los Reyes Magos somos nosotros: la ciudadanía. Que todos han sido muy buenos, nos dicen con cara angelical. ¿A quiénes corresponde echarles el hollín de la corrupción ? ¿A quién la caja de laboratorio para que en sus probetas ensaye explosiones químicas ? ¿A quién su merecido juguete de cuatro años de poder? ¿A quién devolveremos su carta sin ni siquiera abrirla?...

Pienso que esto es de poca importancia, pues luego ellos harán los que nosotros por los patios de la Resi: "Te cambio esto por esa alcaldía..." "Si me dejas jugar con tu regalo, yo te dejo el mío" " Si juntamos tu caja de Juegos Reunidos Geyper, y mi Geyperman, podremos con los otros".

Y es que son, y somos, como niños.

Así que esperaremos de nuevo a que nos lleven a ver la cabalgata electoral. Y cuando digan nuestro nombre, subiremos a depositar el voto en el cúbico cristal como quien deja caer su sombra por el enlosado de las plazas.


Artículo de opinión publicado el 7 de enero de 2015
en el periódico digital Salamanca RTV al Día


Ángel de Arriba Sánchez
El Escribidor del Tormes

martes, 30 de diciembre de 2014

Los sueños y los días .Calendario del Escribidor 2015.



Edición  no venal, gratis, free.

                 
                  No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
                  sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
                  No te dejes vencer por el desaliento.
                  No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que casi es un deber.
                  No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario

"No te detengas". Hojas de hierba.
Walt Whitman.


En estos días andan las frases a la carrera.

Son del tipo "¡Feliz Año Nuevo!", y demás banastos de buenos deseos que nos decimos por las esquinas apresuradas de la ciudad, nos escribimos, o ahora vertemos por los conductos del aire.

Y bien están estas cosas, a mí me gustan estos barnices sociales, estos engrases del ánimo colectivo, pero prefiero la frase: "Hechos son amores, y no buenas razones"...

Así que como nos encontramos tú y yo por estas sociales redes que también lubrican sonrisas oxidadas, te diré que vengo en esta entrada con buenos deseos, claro, pero sobre todo con hechos, y, esto no se lo digas a nadie, con un puñado de amores, también.

Y es que yo sé cómo va a ser tu Año Nuevo..., y el del otro, y el mío propio.

Y lo sé porque he recorrido cada uno de los 365 días que esta nueva cesta temporal nos entrega como cerezas enzarzadas.  Los he transitado sobre una tabla de Ecxel, me explico. Todos ellos los he andado: los cubiertos de escarcha del invierno, los preñados del aire ebrio de la primavera, los hondos y secos como un beso de tornillo que son los del estío, y esos  otoñales que casi se paladean como una música de Debussy. 

Sí, he andado por las jornadas de lluvia, me quedé dormido una tarde en la hora de la solana bajo una higuera, en otros escalé las sierras de mi tierra, o caminé sus llanos, o añoré tus mares lejanos. He dormido muchos de sus días y desperté a muchas de sus noches. Habité en algunos de ellos las humedades de la soledad, las caries de la desesperanza, las herrumbres del rencor  y los pozos del fracaso. Pero también encendí las hogueras de la alegría, oí las pirotecnias de la ilusión, hice con mis manos alfareras las arquitecturas de cristal del amor, y hasta conocí una hora en la que supe que mis plegarias eran atendidas.

Y así he sabido que tus días, los del vecino, y los de todos, pasarán por este año de igual manera. 

Allí, sobre las cuadrículas de la tabla de Excel, he tecleando días en azul, casi todos,y a los que me mostraban su sonrisa festiva, a estos los he pintado de rojo. 

Esto de ser escribidor tiene a veces , no lo niego, ventajas para los manejos de la magia y de la ilusión, y a mi me hubiera gustado saber, cuando hacía este calendario, qué días te van a ser extraordinarios, para alargarlos, o dejárlos en su cuadrícula latiendo todo el año como un corazón enamorado. He deseado conocer  también cuáles saldrán más aciagos para borrarlos con mi goma de borrar encantamientos, o mermarles las horas al menos. Y también, ya de puestos, he intentado adivinar cuáles son para ti efemérides especiales para pintártelos de un neón rutilante. Y con los demás, con todos esos de rutinaria normalidad, a estos los he  dejado  en el azul de añorada niñez del maestro Machado, o de los también azulados del maestro León Felipe que como yo mismo pasó parte de su infancia en Sequeros, en la Sierra de Francia de Salamanca.

Y es que los celestes días normales siempre tienen algo  de infantes, y mucho de beatíficos.

Eso es lo que me gustaría haber hecho si fuera un mago, digo. Pero ya me conocéis: tan solo soy un dibujador,un señor de la intemperie que sale con su cámara a atrapar las mariposas de los instantes. Y un escribidor que echa sus letrillas al día, como quien echa  arroz a las lentejas, por ver si la vida tan aguada que a veces nos toca se espesa, o coge algo de sustancia, o  tropieza uno la tajada de la esperanza.

Y esto es lo que traigo: el año 2015 en doce láminas con mis fotos, textos de maestros de la poesía,la narrativa, el pensamiento,y algunos míos que se me cayeron por descuido.




Y mi deseo, amigo virtual o de virtud, es que encuentres la gran maravilla de las cosas sencillas que son de las que se han servido las generaciones: las nutricias, las consabidas como el trabajo, la salud, el amor...y esas cosas normales que se vuelven el  tesoro mas buscado cuando faltan. 

No es que me crea sabio ni mucho menos, pues el caso es que soy muy cafre, ya lo sabéis, pero sí sé que el sortilegio para que los sueños se cumplan es hacer los que han hecho siempre los hombres: aplicarles mucha realidad.

Y cada día del año que nos viene será una nueva oportunidad para intentarlo. Sé que tú lo conseguirás, porque éste que nos llega es tu año, el de los tuyos..., y el mío,sí, y el de los demás, como siempre.

Y esto, qué cosas, es lo que a mi me resulta prodigioso.

¡ Venturoso año 2015 ! 


Ángel de Arriba Sánchez
El Escribidor del Tormes
Siguen las  doce láminas: 


Nota: El calendario que sigue es el Laboral Oficial para la Comunidad de Castilla y León, España. Faltan los dos días de la ciudad en la que resido, Salamanca: los de su patrona la Virgen de la Vega, el día 8 de septiembre, y el de su patrón San Juan de Sahagún, el 12 de junio. Pero en esta ciudad tan querida, estudiantil y tan tunante, no necesitamos que nos marquen las fiestas en los almanaques, que no se nos olvidan,descuida, je, je...














Espero que te guste. Y si no, deja tu comentario para mejorar la próxima vez.
Gracias por estar ahí.
Hasta la próxima.







jueves, 25 de diciembre de 2014

Historia de Azucena (Cuento de Navidad)

Pilar Hoyos, natural de La Alberca, (Salamanca, España) a sus 96 años.
Fotografía por cortesía de su hijo Martín Cilleros Hoyos.




Y en esta inmutabilidad, en la completa indiferencia hacia la vida y la muerte

de cada uno de nosostros se esconde, quizá, el secreto de nuestra salvación...


"La dama del perrito" 
Antón Pávlovich Chéjov


Son curiosas esas frases que en las familias se pasan de labio a labio las generaciones. 

Así Azucena, antes de sorprenderse pronunciándola a la menor, escuchó la suya de los de de su madre. 

Yo la conocí, y oí a menudo su frase, y lo que de ella sigo contando, sucedió realmente, como si esto importara en las cosas del narrar. 

Podría decir que cierto era que todos pensábamos de ella que lo único bonito que tenía era el nombre. Era mujer más que pequeña, chaparra, contrahecha desde niña y había crecido sin remedio de arreglo. Si no recuerdo mal, algo cojeaba, peinaba una media melena como sacada de una mala película de mosqueteros… y, ya no sigo, que esto parece hilado del costurero de Dickens, o alguien así. 

Decir que era de un feo rematado a mala saña, no va a ser necesario que lo insinúe siquiera. 

Por aquel entonces yo trabajaba de librero en una ciudad que tiene, por si la quieres buscar, un monumento centenario con 166 arcadas de granito. Acudía a diario a un mesón que había cerca de mi casa, y allí participada en una peña de fortuna en la que, semana tras semana, un grupo de amigos soltábamos los galgos de los boletos para cobrarnos alguna pieza de la suerte. Aucena era parroquiana también de aquel bar, no vivía lejos de mí, y participaba en la peña. 

En mis dos últimos años me hicieron tesorero de nuestra cuadrilla, y en la malahora que acepté, que siempre me tocaba andar tras el rastro de lo escaqueados de sus pagos de la quiniela, la lotería, la ONCE, la bonoloto…, y ya no sé qué más cartuchos de agüeros con los que disparábamos cada semana. Pero con ella nunca tuve ese problema, que la mujer fue siempre la primera que me pagaba. Y en cada ocasión, ella me enseñaba su sonrisa de chatarra oxidada, y venga con el repetido de su frasecita. 

Creo que en aquello de la peña andaría metido unos diez años, y claro, tanto tiempo da hasta para conocer a la gente. Nunca nos tocó nada digno de reseñar en papel alguno, pero siempre caía algún pico que nos daba para una cena navideña y para el copeo de una noche de montería por la amistad. En esos jolgorios mínimos fui conociendo mejor a la mujer. Una vez fuimos parejos en la mesa, y pasadas las burlas, chanzas, y guiños de los demás, nos contamos de la marea de días que nos habían llevado hasta aquella orilla de hora fraternal. Tendría entonces sus cuarenta años; como yo. Ambos éramos de pueblo, de familia numerosa y desde pequeños habíamos ido trabajando en lo que nos había salido. Estaba soltera; yo también, pero lo mío se entendía que era por pereza o brío de picaflores, y lo suyo como una condición natural, un atributo obvio, como lo son las púas en los cardos o el latigazo en las ortigas. 

Ella trabajaba en una empresa de limpieza, aseando oficinas bancarias, clinicas y otros locales, y yo en los libros, como dije. Un año en la cena, al tercer vino le solté que ella, bien mirado, era en realidad académica, pues como el enorme tocho del diccionario de la Real Academia que yo vendía ,limpiaba, brillaba y daba esplendor… Creo que no me entendió la broma, y a día de hoy, quince años después, no me perdono mi exceso de gracia. 

Supe que vivía en un aparta-estudio de 40 m2 que un tío suyo había sacado al dividir una vieja vivienda familiar en tres. Ella le había comprado uno con su sueldo, otro era de un albañil algo sucio,ruidoso, maleducado, y, con mucho de zafio, según me dijo, y el otro apartamento lo alquilaba su familiar a estudiande de los Erasmus esos. No me lo dijo, pero supe que hacía tiempo que se había resignado a su soledad, a la soltería, y a la vida estanca y gris que todos le adivinábamos. 

Un año, después de 90, la librería donde trabajaba desapareció y el local pasó a ser una franquicia de una elegante boutique. Regresé entonces a mi ciudad natal, y seguí tras otro mostrador en el mercadeo de las palabras. Otros bares acogieron mis asuetos, y otra peña satisfacía mis aficiones cinegéticas por la caza de la suerte. Un día, cuando pagaba mi cuota semanal, sorprendí resbalando por mis labios a las paalabras de la frase de Azucena, y sonreí. 

Hace dos años pasé unos días en aquella ciudad. El regreso fue emocionado, y lo primero que hice cuando me istalé en el hotel, fue acudir al mesón. Allí encontré a algunos de la peña, y entre vinos me fueron poniendo al día. Hacía seis años les había tocado el cupón de la ONCE. ¡Manda narices!, pensé, diez años comprando el mismo número, me voy, y ya ves. Todos habían cobrado un buen pellizco, y yo me pellizcaba aquel día la mejilla para que no se me notara mi cara de mala leche. 

Los 20 de la peña con sus buenas perras, y yo allí masticando entre mis dientes la puñetera frase de la otra. ¿Y Azucena, qué es de ella? pregunté. "Pero, ¿es qué no lo sabes? ¡Pero si salió en todos los periódicos, en la radio y hasta en la tele!" me respondieron incrédulos, pero yo allí seguía, con mi cara de lelo. Seis millones de euros le habían caído al cuponazo de la mujer. ¡Manda perdices, eso si que es una pieza de caza mayor! 

Que la llamaban la condesa, me dijeron, que si la veía no la iba a conocer, que parecía hasta guapa de lo que se había hecho, que se había comprado una chalezazo a las afueras, que tenía chófer, jardinero y cocinera. Que tenía ya bien viajado el mundo entero, que unos decían que paseaba del brazo de un cubano que para qué, aunque otras decían que era un rumano de un par de metros...Y en fin, escuché muchas más historias extravagantes que en estos casos son fáciles de creer. 

Salí aturdido. Sería por la noticia, o más bien por el vino y el champagne francés que ahora se gastaban los puñeteros, aunque eso sí, aquel día me invitaron a comer. 

El resto de los días de mi visita paseé ofuscado por la ciudad, y por el mesón ni hice intención de volver. La última tarde caminaba por la alameda del río disfrutando de la consoladora belleza como quién se conforma con la calderrilla de la vida. Musitando la fracesita de la que no me podía desprender, cuando reconocí a Azucena en la que se me cruzaba por el sendero de la ribera. 

Era verdad: parecía hasta guapa. 

Hablamos toda la tarde, y me confirmó muchos rumores de su nueva vida, y me desmintió muchos más. Era verdad lo del chalet, y lo del chófer, pues ella nunca se había sacado el carnet. Era verdad que había recorrido medio mundo, que había adquirido la empresa de la limpieza donde trabajaba, que amores le había comprado su dinero, que muchos días fueron de desenfreno, y también verdad era , me decían sus ojos tristes, que la riqueza no le había sabido dar lo sencillo y necesario que desde niña buscaba. 

Por ello sería que había vendido el chalet, despedido al servicio, parado sus pies en la ciudad de siempre, vuelto a la labor en la gerencia de su empresa,y hasta se había mudado a su viejo apartamento. 

Ayer recibí su felicitación navideña. Me cuenta que sigue todo igual. Al leer su carta me la imaginaba en su pequeña vivienda, acaso acostada en su cama, a oscuras, oyendo los cuescos del albañil, la tele alta del vecinos de arriba o la riña conyugal de algunos otros, o las voces ebrias de los jóvenes de jarana en la calle, o los jadeos amatorios de los del Erasmus. 

Y me la imaginaba entrando feliz en el sueño, musitando tal vez la frase que le decía su madre mientras regaba las macetas de las flores de su nombre, o limpiaba los cacillos de latón con las cáscaras de los limones : "Mira hija, la mayor suerte que se puede tener, es nunca necesitarla".


Relato publicado el 
24 de diciembre de 2014 en el periódico digital 
Salamanca RTV al Día


Ángel de Arriba Sánchez
El Escribidor del Tormes

viernes, 12 de diciembre de 2014

Un retrato de familia

Ya pasaron los días de beatífico puente en el que cada año, el 6 de diciembre, celebramos la ratificación de nuestra Inmaculada Constitución. 
Treinta y seis los años que ha hecho la criatura esta vez. Algunos recuerdan que su nacimiento no fue fácil, que por aquel entonces, nos dicen, los ángeles anunciadores andaban tartamudeando  por las esquinas políticas una veces, mudos, o con afónica voz de cuarenta años de escarcha, otras.
Carteles con algunas de las posturas de los partidos políticos ante el referendum del 6 de diciembre de 1978.
Composición propia.
Pero todos sabemos que se concibió en una suerte de misterio mariano, se gestó y  vino al mundo un frío día de diciembre. Luego, en el pesebre de los dos leones la amamantaron, celebraron los graciosos gateos por el hemiciclo, sus esforzados intentos de ponerse en pie por el “Pasillo de los pasos perdidos”, y escucharon sus primeros balbuceos. Pero gentes había que no la querían bien, y un día entraron en la casa  de todos dispuestos al deshaucio.
Era por 1978,ya lo sabéis,  yo era un crío, y algo me acuerdo de los coches que llegaban al pueblo con músicas en los altavoces. Qué bonitos los estribillos aquellos: “Habla, pueblo, habla…”, “Libertad, libertad, sin ira libertad…”. Sí, que pegadizas las letras que me destiñeron las que animoso coreaba en la iglesia parroquial: “Una espiga dorada por el sol…”. Las motorizadas voces volaban por las calles pregonando palabras que no encontrábamos en  el diccionario Iter de Sopena: referendum, constitución, democracia, refrendo…Pero sonaban bien; convocaban como el metal batido de las campanas en los convites. Así que nosotros, la chiquillería del lugar,  corríamos a la plaza donde paraban los de las chaquetas de pana, todo por ver si como en los bautizos nos echaban peladillas grandes, caramelos, perruniñas, duros gordos y flacas pesetas.
Yo no sé si entendíamos algo por entonces, pero el caso es que en aquellos días se nos estaba apadrinado políticamente, bautizando como generación.
Ocurre también, que hace unos días, el pintor Antonio López ha entregado el retrato realista de real familia devenida en familia común por obra e inspiración de los pinceles del de Tomelloso, de los avatares judiciales y de los políticos. Se habla, y se calla, según la feria, del tiempo que le ha llevado rematar el cuadro, pues en esto, al parecer, 20 años sí son algo. También se comenta del ruído que pueden armar la calderilla de 50 millones de monedas rubias como maduros membrillos, que el artista manchego pidió para adelantar musas, y es que, con la humildad pasa lo mismo que con la hermosura: que uno nunca tiene la que se piensa.
Presentación de la obra de Antonio López "La familia de Juan Carlos I",
1994-2014. Madrid, Museo de El Padro, 3-XII-2014.
Yo no sé qué decir, pues la obra del maestro me agrada, y de esta, casi todo: la atmósfera de discreción cromática que como los trajes gris perla da mucho empaque; la composición de un aquí te pillo a la salida de misa mayor de domingo; la profundidad plana del fondo, muy conveniente a lo que tendrá que atravesar las intemperies de la historia; las comparaciones oblícuas con "La familia de Carlos IV" del de Fuentedetodos; la simetría rota y fecunda del abrazo a la hija con el del cuadro de Goya, y esa luz alcalina que tan bien se le cae a López  en las cosas de Madrid.
"La Familia de Carlos IV" de Francisco de Goya , año 1800.
Museo del Prado, Madrid.
Y en cuanto a si es realista, hiperrealista, sicologista..., o vaya usted a saber, no me importa, pues como entendí de otro maestro de la pintura, Modesto Trigo Trigo , todo lo que se crea es interpretación,distorsión especular por mucho que se afinen los pinceles, y al cabo ilusión, arte cisoria de la realidad impuesta, y por todo ello, siempre la obra contiene más verdad, y más mentira, que su modelo.
No sé qué decir, digo, pero diré que la brochada de tiempo en este cuadro me parece larga, y que con los 300.000 € de su coste, muchas serían las plazas de profesor de Bellas Artes a crear en las masificadas aulas, y numerosas las toneladas de material escolar para los niños en Plástica, e incontables las musas a despertar en los estudiantes con becas que olviden la mendicidad.
Pero en fin, no seré yo el que logre esclarecer ahora los misterios teologales del mercado, ni de las artes, ni  los más eucarísticos de la política.
Tan sólo me quedo  remirando la obra como  si me concerniera, como quien encuentra en una lata una vieja foto de familia y en ella estuviera el patriarca que un día nos llevara a conocer el hielo de la libertad.
Aunque también uno no puede evitar sacarle a cada retratado las mondas de sus historias.

Y se quiera o no, este cuadro quedará como uno de los retratos de familia de una época, la nuestra; la de los que tenemos la misma edad que Felipe VI.
Pienso, para terminar,en  cómo valorarán los tiempos venideros los años que hemos transitado desde que cantábamos aquellas bonitas canciones, y de los cuales, quien más y quien menos, ahora se siente un tanto  transido.  

Artículo de opinión aparecido en
Salamanca RTV al Día, periódico digital
de la provincia de Salamanaca el 10-XII-2014.
Ángel de Arriba Sánchez
El Escribidor del Tormes

Posdata: Lo que definitivamente no me gusta en esta obra  es el ramito de flores. Por lo cursi, y socorriéndome de un símil que ya he puesto, porque tal y como está la cosa, queda como un chorrito de sulfúrico en pila bautismal. Y digo yo, que puestos a echar tiempo al asunto, mucho se ha tenido para quitar lo que nos llega como un chirrío.
 
Collage, interpretación propia de la obra del maestro Antonio López.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Llegados al porvenir

               Pero también / la vida nos sujeta porque precisamente / no es como la esperábamos. 
Noches del mes de junio, 
Jaime Gil de Biedma 

Cuentan que un grupo de jóvenes estudiantes se reunían por las tabernas de la Salamanca de los cincuenta del siglo pasado, o por las más capitalinas tascas del centro de Madrid y de los alrededores del café Gijón. 

Cafetín Scherzo, en la Gran Vïa de Salamanca.
Siguen contando que de vez en cuando, como quien coge la badila y escarba el brasero, alguno de ellos decía la frase, y entonces el fuego de la charla, la risa y la ilusión común, volvía a prender entre ellos. 

En este grupo de muchachos lustrosos e ilustrados, se encontraba Mayra, Ignacio, Josefina, Rafael, Agustín, Alfonso, Carmen… entre otros. Si cada uno de estos nombres quedara así, compuesto, pero sin el timbre de algo más, la cosa quedaría con sordina. Así que para empezar a escuchar la música de esta historia, hay que orquestar los apellidos: O´Wisedo, Aldecoa, Rodríguez y después Aldecoa, Sánchez Ferlosio, García Calvo, Sastre...y Martín; nuestra, y de todos, Martín Gaite. 

Y es la propia Carmen Martín Gaite la que nos dice que no sabían de dónde había llegado la frase, pero que se divertían mucho cuando algunos de ellos la sacaba a cuento: “Aquí, ya ves, esperando el porvenir”. 

A cada uno de ellos les llegó el suyo; el porvenir que en sus horas de camaradería convocaban. Y no sólo eso, sino que como cada cual cumplió su vocación, más que su misión, también les ha llegado la posteridad, esa que algunos de ellos no se cansan de sujetar, pétreos o broncíneos, por plazas de España. 

Calle de la Rúa de Salamanca.Fotografía del 4 de dieciembre de 2014,
El Café La Rayuela con sus puertas cerradas después de 30 años.
Hay veces en que parece que la crónica sale al encuentro de uno por las calles. El pasado lunes me enteré de que el café “La Rayuela” de nuestra ciudad, cerraba sus puertas después de décadas. Nada tiene de extraordinario en estos tiempos de clausura generalizada, así que con estos cohetes, poca feria se arma. Pero me afectó, pues creo que este local fue de mis primeros andenes de espera de porvenires. 

Eran las medianías de los años ochenta, y allí nos reuníamos los amigos para tomar cafés muy diluidos entre palabras con eco altivo,flirteos encubiertos y cigarrillos. Las tardes no traían presura, y en mi caso, como en el de tantos, los bolsillos las perras necesarias para tomar los atajos de las prisas. Y precisamente ayer me encontré por la ciudad con tres de los de aquel grupo. ¿Quién nos había convocado a semejante sincronicidad? De María hacía años que no sabía nada, al igual que de Carlos, y con Lucas he hablado por teléfono no hace mucho, pero nada fiaba nuestro encuentro. 

Celebré estos asaltos que a veces da la casualidad, y me volqué en ellos. Quisimos ponernos al día a la carrera, con atropellos de datos,y después del “Bien, bien, todo bien…”, hubo tiempo para levantar la alfombra de la realidad, ver algunos barridos de los días, y del tiempo que pasa y termina por dejarnos a todos el ánimo borroso como las caras de arenisca que muestran los santos en los pórticos. 

Con Lucas volví a tomar café. Mientras nos servían, comentamos de los trasiegos carcelarios que se trae la política, de la sinrazón de la violencia en el fútbol, y de las otras cosas que estos días van en la riada matutina de los periódicos. Luego me contó de su vida blanquinegra, y su voz me llegaba cansada y descreída; esa, la del profesor, la que en otro tiempo era la más entusiasta y la del líder natural de nuestro grupo. Llegó un momento en que enmudecimos, y nos quedamos en el velador de mármol del glamuroso café con la misma pesadez que el sentado de bronce de la mesa contigua. 

Mirábamos al exterior, a la plaza grande, pero nada veíamos de su trajín centrípeto, pues andábamos por un espacio ciego, preguntándonos cuánto teníamos de aquello imaginado, pretendido, compartido por los cafés estudiantiles en noches de junio, mayo o principios de diciembre. 

Nada veíamos,no, pues teníamos la vista perdida en nuestro porvenido.

Nos despedíamos ya en la puerta entre las pavesas del encuentro, cuando vimos que un bullicioso grupo de jóvenes ocupaban con su algarabía la mesa que ocupáramos.Y nos miramos, y sonreímos como si atizaran las brasas de nuestros adentros, acaso porque vimos entre ellos al porvenir haciendo dedo como un autoestopista que requiriera el vehículo de sus pechos. 

E hicimos planes para reunir al viejo grupo alguna tarde de estas, porque el porvenir es algo que nunca has de dejar de conjurar, pues en cuanto lo haces,lo pierdes. 

Artículo literario aparecido el 3 de diciembre de 2014
en la sección de  Opinión de "Salamanca Rtv al Día",
periódico digital de la provincia de Salamanca.

Ángel de Arriba Sánchez
El Escribidor del Tormes


Posdata: cojo ahora de mi biblioteca el tomo número 100 de la Colección Austral. Se trata de un fatigado ejemplar amarillo de "Cien años de Soledad" que comprara un 4 de mayo de 1985 en la Feria del Libro en esa misma plaza. En unas de sus primeras hojas leo: En "La Rayuela" , con Javi, Mayte, Eloy, Tote, Fernando, Lucas... Nombres sin apellidos, pero que señorean en mi recuerdo muchas plazas.